Un camino hacia la Paz

I.- La Ciudad de la Paz y la construcción de una nueva civilización

Un signo del progreso que experimenta la sociedad actual consiste, sin duda, en el rápido desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. La Ciudad de la Paz acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar, con extraordinaria facilidad, todo tipo de noticias, ideas y doctrinas.

  1. Un camino fecundo

Movida por esta conciencia, La Ciudad de la Paz ha dado pasos significativos en el uso de los medios de comunicación para la educación de una madura responsabilidad de los usuarios y destinatarios de los mismos instrumentos de la comunicación.

Los desafíos en un mundo rico en potencialidad comunicativa como el nuestro, son múltiples. Al tomar en cuenta esta realidad queremos subrayar que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola, como suele decirse, en “una aldea global”. Los medios de comunicación social han alcanzado importancia hasta el punto de que son para muchos el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de “los contenidos”, nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos.

Vivimos en una época de comunicación global, en que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos o por lo menos deben confrontarse con ellos. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica.

En una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo los acontecimientos de modo cuidadoso y verdadero, analizando completamente las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de la verdad y la justicia en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte dentro el cual se sitúa una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social.

  1. Cambio de mentalidad

En los medios de comunicación encontramos un apoyo excelente para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender aquellos sólidos principios indispensables para la construcción de una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana y atenta al bien común.

Misión ciertamente no fácil en nuestra época, en la cual se ha difundido en muchos la convicción de que el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente: el hombre debería aprender a vivir en un horizonte de total ausencia de sentido, en busca de lo provisorio y de lo fugaz. Esto representa un serio reto sobre todo para los padres, familias y para cuantos son responsables de la formación de la infancia y de la juventud.

Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio. Piénsese, por ejemplo, en Intenet: no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva. Hoy se está usando este instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando nuevos medios y verificando nuevas formas de utilizar los instrumentos tradicionales. Los periódicos, las revistas, las publicaciones varias, la televisión y la radio… Sus contenidos –que, naturalmente, se deben adaptar a las necesidades de los diversos grupos-, tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información. 

  1. Los medios de comunicación, encrucijada de las grandes cuestiones sociales

La Ciudad de la Paz siente el deber de ofrecer su propia contribución para una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades ligadas al actual desarrollo de las comunicaciones sociales. Precisamente porque influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman la mentalidad y determinan la visión de las cosas, es necesario insistir de manera clara y fuerte que los instrumentos de la comunicación social constituyen un patrimonio que se debe tutelar y promover. Es necesario que las comunicaciones sociales entren en un cuadro de derechos y deberes orgánicamente estructurados, sea desde el punto de vista de la formación y responsabilidad ética, cuanto de la referencia a las leyes y a las competencias institucionales.

El positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común es una responsabilidad de todos y de cada uno. Debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, es necesario un sistema de gestión que esté en grado de salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias.

Se imponen algunas decisiones que se pueden sintetizar en tres opciones fundamentales: formación, participación, diálogo.

En primer lugar es necesaria una vasta obra formativa para que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que en vez de estar al servicio de las personas, las instrumentalicen y las condicionen gravemente. Esto vale, de manera especial, para los jóvenes que manifiestan una natural propensión a las innovaciones tecnológicas y que, por eso mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación.

En segundo lugar, si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar el pluralismo y para hacer posible una verdadera participación de todos en su gestión, incluso a través de oportunas medidas legislativas. Es necesario hacer crecer la cultura de la corresponsabilidad.

Por último, no se debe olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Dichos medios constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, una «arma» destructiva, si se usan para alimentar injusticias y conflictos.

Tanto la comunicación exige transparencia y un modo nuevo de afrontar las cuestiones referentes al universo de los medios de comunicación. Tal comunicación debe tender a un diálogo constructivo para promover una opinión pública rectamente informada y capaz de discernir.

  1. Una comunicación verdadera y libre

El gran reto para La Ciudad de la Paz es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación.

Es necesario tener en cuenta las grandes dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor.

II.- ¿Cómo realizar adecuadamente el dialogo con esta cultura moderna?

Por un lado, vemos que a través de los medios de comunicación -controlados por las diversas instancias de poder, estatales o privadas- se va imponiendo progresivamente una cultura dominante. Pero, por otra parte, se observa asimismo una diversificación cada vez mayor, un multiplicarse de iniciativas originales propias de una sociedad en la que no sólo se respeta la libertad de los individuos, sino que además se ofrecen espacios cada vez mayores para la creatividad y la realización personales.

En este contexto cultural, La Ciudad de la Paz mantiene un testimonio público multidireccional —digamos, «de arriba a abajo»— que hace sentir su voz en los foros públicos de toda índole, defendiendo los valores de un humanismo cristiano. Este testimonio, de todo punto necesario, no se limita de forma exclusiva a ninguna de sus manifestaciones particulares, sino que se pretende penetrar capilarmente en todos los ámbitos de la cultura, sin omitir ninguno.

En nuestra sociedad, que dispone de medios técnicos intelectuales muy poderosos, no son ya las grandes estructuras las que determinan el progreso, sino pequeñas células creativas, dotadas de medios modernos, en conexión unas con otras, formada cada una de ellas por pocas personas. Esta estructura de las sociedades libres que se va imponiendo cada vez más, y que es plenamente conforme con el principio de subsidiariedad , es para nosotros como un signo de los tiempos, que nos impulsa a sostener estas iniciativas que permiten un contacto permanente entre los hombres y la cultura de Paz.

Estos centros -consideramos- son los únicos que pueden desbrozar y roturar el terreno de una cultura que puede abrirse y recibir, con un nuevo frescor y una nueva fecundidad, una semilla que dará frutos de originalidad insospechada.

Para ello es necesario penetrar en la tierra dura, romperla, abrirla, reducirla a polvo, terrón por terrón, en cada uno de sus puntos. Ello requiere un trabajo manual, artesano; no existe una maquinaria lo suficientemente potente como para realizarlo de modo uniforme, como el fermento, hasta que toda la masa del mundo se ensanche y adquiera la forma de una civilización nueva: la civilización del amor y de la paz.

La Ciudad de la Paz es, también, uno foro público que permite la amplia difusión, mediante el diálogo creativo, de convicciones sobre el hombre, la mujer, la familia, el trabajo, la economía, la sociedad, la política, la vida internacional y el ambiente. ES así un lugar de escucha, de respeto y de tolerancia.

  1. Foros públicos de diálogo creativo

Se trata también, por otra parte, que sea un foro público en el que se lleva a cabo un diálogo creativo, un punto de encuentro entre la fe y el mundo de la cultura real, un lugar de escucha de los interrogantes concretos de los hombres, un lugar de reflexión sobre los grandes desafíos culturales de nuestro tiempo, y un lugar de búsqueda creativa de respuestas. La nota predominante es la del diálogo: un diálogo que se hace a la luz del día, abiertamente, en público; y un diálogo que está dispuesto a buscar soluciones nuevas, poniendo en juego un máximo de creatividad.

  1. Lugares de escucha, de respeto y de tolerancia

Por último, La Ciudad de la Paz es «un lugar de escucha, de respeto y tolerancia». Insistiendo así en el espíritu y en el modo de actuar que le caracteriza, estando siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que le pida razón de su esperanza; pero con dulzura y respeto.

No se trata de un detalle banal. Es importante, y aún esencial, que la cultura fraguada en La Ciudad de la Paz sea una respuesta generosa y sencilla, nacida del amor. Sólo esta actitud puede preservamos de una autodefensa que, en el fondo, manifieste incomprensión e intolerancia. El amor tiene un modo particular de hacer las cosas; no sólo hace el bien, sino que hace las cosas bien. El amor es como un bálsamo de suave perfume, es como el vino y el aceite que el buen samaritano derrama sobre las heridas del hombre que yace exangüe a la vera del camino. Pues bien, es este amor, el que La Ciudad de la Paz pretende derramar sobre las heridas abiertas de la civilización enferma, sobre las heridas de las culturas en busca de sentido, y abiertas a un mensaje de esperanza.

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