Construyendo a un hombre nuevo (I). ¿Por qué somos tan vulnerables?

Que fácil sería todo si fuéramos plenamente conscientes de que somos «parte de Dios», destellos de su gloria (Mantenerse en la brecha II). Viviendo en y para el Señor, las cosas se ven, se viven diferente, como en otra realidad, la Realidad.

Pero la verdad es que nos dejamos llevar, con relativa facilidad, por nuestras debilidades, por las sombras que nos atenazan; dejamos de sonreír, nos enfadamos, nos crispamos, perdemos el brillo en nuestra mirada, y nos dejamos llevar por sentimientos que nos resultan dañinos. Nos pasa  como a San Pablo: «En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco» (Romanos 7,15).

Se supone que tenemos claro qué hemos de hacer, que somos fuertes en nuestras convicciones; como cristianos conocemos el mandato del amor, la necesidad de la paz, de la concordia, del respeto; pero lo cierto es que, a la primera de cambio el mundo exterior nos seduce hacia la violencia, el juicio, el rencor, las malas palabras. Las noticias, acontecimientos o situaciones adversas de cada día nos quitan la paz con la que debemos vivir, y parece como si se derrumbara todo el mundo a nuestro alrededor.

¿Por qué somos tan vulnerables?¿Por qué cambiamos tanto de criterios o de estado de ánimo?

Un signo muy patente de nuestra debilidad es la facilidad con la que nos dejamos influir por las noticias que nos llegan a través de los medios, directamente o a través de personas que nos las cuentan de segunda mano. Muchas veces no son meras noticias, sino opiniones que manipulan nuestro pensamiento. No tratamos siquiera de discernir, de la manera más elemental, para distinguir los «hechos» de las «opiniones». Y después respondemos con rotundidad, defendiendo lo que simplemente hemos escuchado: «Esto es cierto, lo han dicho las noticias». Persuadidos de que somos consumidores de información, no nos damos cuenta de que más bien estamos consumidos por ella.

Nos falta espíritu crítico, para poder distinguir entre la verdad y las «verdades», es decir, las opiniones personales; necesitamos conocer y afianzar los pilares de nuestra vida, para no ser como la veleta que gira en la dirección del viento, de vientos distintos. Sí, es más fácil y cómodo dejarse llevar, pero también es contraproducente para nuestra identidad, porque, al final, no sabemos realmente quiénes somos.

    • Si decimos que somos cristianos, ¿cómo somos capaces de juzgar, criticar, agredir verbalmente a alguien?
    • Si nos identificamos como hombres de Esperanza, ¿cómo es que, con facilidad, mantenemos un rostro triste o enfadado?
    • Si estamos llamados a ser Luz, ¿por qué no iluminamos?
    • Si . . .

Necesitamos, para construir un hombre nuevo a imagen de Jesús, conocer primero quiénes somos, cuáles son nuestros cimientos, nuestros valores, los pilares de nuestra vida.  Pero,  ¿cómo podemos hacerlo?

Te invito a emprender el camino juntos.

¿Te atreves?

 

2 respuestas a «Construyendo a un hombre nuevo (I). ¿Por qué somos tan vulnerables?»

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